1/05/2009

I El Primer Paso

I EL PRIMER PASO

El primer día del mes se acercaba vertiginosamente entre cada momento, este era el momento en que la casa era normalmente limpiada, arreglada, deleitada de los mejores lujos. En este momento la sociedad completa se hospedaba por las tardes y noches en la suntuosa vivienda para celebrar fiestas, por motivos desconocidos o simplemente por necesidad de conmemorar el hecho de ser adinerados y ver cuantos otros estaban en las ruinas.

La dama de la mansión estaba ocupada, el mayordomo estaba atareado, los hijos estaban estudiando y el Sr. Reeve estaba aventurándose en los negocios.
Yo, simplemente estaba en mi habitación, no había nada que hacer para mí afuera, si tan solo salía, los problemas de la casa se convertirían en mis problemas. Bastaba de mi parte con saludar a la familia por las mañanas con gran sumisión antes del desayuno y escabullirme del exigente evento. Después de todo, yo no era parte de la familia, yo no era parte del evento, yo no era parte de la vida de tal lugar.
De tal forma, que huía por las mañanas para ir al trabajo que se encontraba un poco lejos de la vivienda, hasta los momentos, en estos 2 años de trabajo, nadie nunca se ha dado cuenta de mi falta en la mansión.
El horario era simple, saludar a la familia a las 8:00 a.m., salir de la casa por la ventana de mi habitación a las 9:00 a.m., llegar al trabajo a las 10:00 a.m. y devolverme a las 12:00 a.m. para recibir al Sr. Reeve junto con las criadas en la puerta. El resto del día, dependía del humor de la Sra. Reeve, y los caprichosos deseos de su pequeña Mary. Los que menos causaban problemas era el airoso hermano mayor Elliot, y el hijo intermedio Dave, incluso, alguna vez, el único que me acepto fue el hijo mayor Elliot. Tal vez por cortesía o tal vez por aventura. Dave, solo se encargaba de mirarme cada cierto tiempo, aún no comprendo las razones, es poco entusiasta para sus 17 años de vida.

Como todos los días, salí por la ventana y me apresuré por llegar a tiempo a mi trabajo, pero sin duda alguna algo me lo impidió

- Que haces afuera? – escuche en un tono sarcástico del tranquilo Dave

Me voltee a verle, su expresión era sin duda de “¿te descubrí, ahora que harás?” mientras estaba sentado en un banco del jardín.

- Disculpe si le he molestado, solo me paseaba por estos hermosos jardines – contesté respetuosamente al 2 años mayor que yo Dave.
- Con tan bien arreglado equipaje? – respondió alegremente.

Primero el no era alegre, segundo yo no tenía que darle explicaciones y tercero ¡que le importaba!... Al menos eso pensaba, así que nuevas mentiras tenían que ser inventadas

- La última vez que deambulaba por los pasillos llenos de flores me perdí en el laberinto de enredaderas, y la sed recurrió a mi, así que decidí que si algo así podría suceder, sería mejor prevenirlo para la próxima ocasión – respondí tranquilamente, como si fuera la más penosa verdad
- Estás segura de eso? – preguntaba con picardía
- Completamente joven Reeve, no hay razón alguna para engañarle ni a usted ni a su honorable familia. -
- Entonces, que hay de ese utensilio de cocina que lleva en su equipaje? – preguntó mientras miraba mi pequeño bolso.
- Utensilio de cocina? – dije extrañada, ¡yo no llevaba tal cosa!

Vi en mi equipaje y no se encontraba dicho objeto

- Podría indicarme donde se encuentra? – dije confundida.
- No existe, todos necesitamos de mentiras alguna vez, y tu hoy me estás mintiendo. ¿por qué es cierto, no? ¿Vas a ir a tu trabajo? – dijo con la misma sonrisa.
- ¿A mi trabajo? – dije algo consternada
- Si, el trabajo, donde trabajas con un chef gordo y barbudo y en el que tú sirves, es un pequeño restaurante eres su camarera.
- No es gordo y barbudo! Solo es un poco rellenito y no tenía dinero para afeitarse… - y hasta terminar la frase no me di cuenta de que le estaba replicando y que me estaba descubriendo, suspiré y dirigí mi mirada hacia otro lugar.
- Es increíble la forma en la que cambias cuando algo te parece mal a cuando debes ser la elegante “no se que” de la familia.
- ¿Qué desea usted de mí? – dije angustiada.
- ¿Yo?...
- Ciertamente, nada podría querer de una moza como yo, ¿cierto? – dije interrumpiéndole.
- Tal vez haya algo, Srita. Educada
- ¿Que será, Sr. Sin modales? – dije por el instinto, aunque realmente no fue adecuado, aún así lo único que hizo fue reírse de mi hasta casi desfallecer.
- Hay… pero es que… nunca vi ese lado tuyo – decía entre risas

¿Desde cuando el se divertía? ¡Siempre ha sido el chico tímido y sin emociones de la familia! ¡Algo está mal aquí!...
Una vez que se calmo y retomó conciencia continuó hablando.

- Lo que quiero es simple, reúnete aquí mañana a las 7:00 p.m. si mi madre no te ha dado ordenes, de lo contrario, al siguiente día, en ese momento, te lo diré. – dijo serio – Por los momentos solo te quedan 30 minutos para llegar a tu trabajo, es mi culpa, luego lo recompensaré, así que olvídalo por hoy, puedes inventar alguna enfermedad para excusarte con el chef, después de todo eres buena mintiendo, no es así? – dijo sarcástico.
- Esta bien – dije enfada – Con su permiso – dije dando una reverencia y luego retirándome del jardín hacia la pesadilla en la que vivía.
- Ah!... – dijo para que me detuviese
- ¿Si?
- Ten cuidado no te pierdas en los laberintos – dijo en tono sarcástico, mientras mis ganas por golpearlo eran cada vez mayores
- Lo tendré, Joven Reeve, ¡muchas gracias por sus cuidados! – di media vuelta y comencé a caminar rápidamente hasta mi habitación mientras el se reía.

No hay comentarios: