Hay tantas cosas por perfeccionar, un mundo, una vida, un sueño, un deseo, un recuerdo. Tenemos que ordenarlos, archivarlos, recordar las contraseñas y además... ser felices.
Es un trabajo arduo ser yo, no sólo debo observar, sino que debo administrar perfectamente los tiempos para que sean congruentes y adaptables a las fases a las que pertenecemos. Debo dar cortes en todos lados, asegurarme de que puedo coser de nuevo y seguir hasta el cansancio.
Creo que ya me he pinchado los dedos tres veces y además he visitado diversas tiendas de finísima tela importada. Sigo cortando y cada vez se vuelve más y más corto, puedo ver todo a través de él. Grandes agujeros de gusano, una vía láctea y un universo completo.
Aún hay tiempo para ver el resto, para visualizar cada uno, aprender de ellos, vestirlos con elegancia y apreciarlos por lo que son, sin tener miedo a lo que aún no existe, aunque propiamente siempre existió.

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