10/03/2015

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Posándome en una ventana cada día encontré lo que nadie nunca encontraría. El amor de un joven que todos admirarían.

Era un día, muy casual  a la espera de la deriva, estaba yo, sin creer lo que pronto pasaría. No esperaba nada más que las vueltas de la vida, era pronto imaginar que ese día llegaría.
Y así es como se encontraron esos ojos con los míos, no sabían si eran mares o preciosos zafiros. El pudor y la elegancia eran mis enemigos, solamente le dejé con un buen día, por capricho.
Su sorpresa, su verguenza a la par de la mía, dejo ver una sonrisa que salía con valentía, ¡Me había notado! ¡Me había visto el amor y anhelaba su compañía! Con sólo mirarle, ya estaba dispuesta a comprar cada una de sus galanterias.

¡Y saber que dos mundos podrían coincidir por una ventana! ¡Asombrarse, deleitarse y observarse cada mañana! Más no podría pasar mucho más que de una ventana, quizá no era lo que querías. Quizá todo era un gran drama
¡Que desdichada!, ¡Qué pesar! Ya  tu no me buscarías. Y yo arreglada y esperando que tu sonrisa compactara con la mía.

Sentada seguiría, por mi ventana miraría... tu silueta, tus sonrisas y cada trozo de nuestras nuevas vidas.

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