1/28/2013

Whistling


¿Cuántas han sido las palabras que bajo el mismo cielo se pronunciaron? La partida es triste, pragmática, endulzada con el extremo de un horizonte esclarecido. Ondeando por el mismo luto se escuchan sus melodías perdidas, integras, amadas, ahí están, amadas por los dolientes, amadas por la sonrisa del que perece.
Sin importar las luminosas tardes de el estrépito mundo donde se ha conocido, donde la luz es como el vino, donde el silencio es un placer de los nuevos soñadores, está la presencia absoluta, la sombra innecesaria del que ve como deja a su último mundo.
Pero... ¿Y si no quiere partir? ¿Y si desea permanecer ahí? Viendo una y otra vez la escena de tristeza, el mar que fluye, la sangre que corre. Año tras año esperando, intentando reconocer que ahí el ser querido está y ahí, también terminará.
No es parte de un nuevo ideal de renacer, es parte del nuevo ideal de partir para creer otra vez.
Vida o muerte, no importa. No existen y existen tanto como se les pueda creer.
El momento en el que la espera termina “Estarás bien”… esas palabras aún acaecían… La felicidad ha vuelto a sus brazos, entre la luz del nuevo día, ha vuelto para planificar sus días.

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