4/21/2013

Lilieth


"Cientos de años atrás, cuando las familias aún eran felices y vivían en paz, una terrible catástrofe sucedió, aquellos que poseían el poder y la magia se unieron para desvanecer las vidas de todos los que existían en esa particular población.
Una joven curandera de una tribu indígena les sugirió a los aldeanos que solicitaran la ayuda de un ser tan abominable como el terror, pero tan voluble y gentil que no causaría tanto temor "mejor un mal que otro".
Un joven valeroso y fuerte, el más importante de la aldea con toda su fuerza se acercó a un viejo depósito a ofrecer un trato con la criatura obsesionada con la sangre, el único anterior dilema del pueblo. El trato, realizado, la criatura, libre.
No fue mucho trabajo para él... O al menos eso decía. 
Libre ahora, el trato en pie, poder en manos... Consiguió una especie de castillo, se amuebló con los mejores lujos, consiguió a una hermosa mujer, se enamoró, ésta murió.
Hoy día, toda mujer que llegue a su habitación el día de la muerte de su amada perecerá a las 11:48 con 53 seg"

Para una columna periodística en días de Halloween, suena bien, pero no, ese sería mi artículo principal, quizás no a muchos les importara, pero esa es la historia de ésta ciudad, y deberían conocerla. Sin embargo, muchas cosas faltaban para ello. Los agentes de seguridad se encontraban aún alarmados, pero sin realizar nada con las muertes de esas mujeres.

Así que ¿Cómo comprobar un hecho y palparlo en realidad, si no estás ahí?
Me encaminé con mi asistente, una hermosa mujer morena con un par de años de experiencia y con el equipo necesario, nos dirigimos a su antiguo hogar.
Entramos, todo oscuro... Me pregunto por qué no habrían remodelado el lugar... de alguna forma, era hermoso.
Comenzamos a subir escaleras... una tras otra... sin fin.
Por desgracia, mi asistente cayó en uno de los escalones y llegó al piso, a la primera planta, pero con daños menores. Me pidió irse, estaba asustada y al ver que sólo tenía unos rasguños, le dejé partir.
De nuevo, subí las escaleras, otra vez interminables.
Me asomé a un precioso espejo y me quedé perpleja... el rostro de un chico, se reflejaba en él... Un hermoso cabello castaño claro, sus ojos, ningún color les trae descripción... Me acerqué al vidrio, intentando ver si era un cuadro o algo "razonable" y habló

-Si deseas verme, tu cometido, está más arriba.

Mi reacción, ni yo misma la sé, pero... mis pies resbalaban sin razón en las escaleras, todo era tan gélido...
No sé si pasaron minutos, horas...días... realmente estaba muy cansada, miré hacia arriba y en el último escalón, vestido de negro, se encontraba el mismo chico del espejo. Creo que comenzaría a creer más en el mito...

-Bienvenida seas - dijo sonriendo -Estoy seguro serás una deliciosa cena- Me extendió su mano y la tomé.

¿Por qué demonios debía tomar la mano de un extraño? ¿Era simplemente tan atrayente y hechizante? No lo entendía, pero, me dejé llevar.
Me mostró sus hermosas reliquias, su hogar en la ciudad superior, me cuenta dulces historias, me habla de lo que es ser inmortal, idea fascinante, tentadora pero que rechazaría. Pude pasar mucho tiempo hablándole, dándome cuenta de su personalidad, su caballerosidad y sin más, de un segundo a otro cuando la noche era evidente, en la puerta de su castillo aparecí sin saber cómo. Pude verle tomar mi mano, besarle y hacer una reverencia.
Entre el encanto olvidé mi objetivo, su novia, su muerte el 23 de febrero.
Varios días hice lo mismo, al llegar le encontraba en la entrada, esperándome listo para subirme a su morada y en la noche estaba ya abajo, sana y salva para volver a casa.
Hablamos muchas cosas por muchos meses, conocí muchas de sus historias, fui parte de sus galanterías, y aunque pudiera negarlo, mi corazón comenzó a acelerarse de sólo verle, y él lo sabía.

-Mañana, no vengas- era 22 de febrero, él no me quería ahí y yo...lo menos que averigüé fue de su novia... -Vendré- dije decidida, con algo de tristeza vio a otro lado y me llevó a la puerta... otro día que pasaba, seguía viva.

El amanecer del 23 de febrero fue complicado. Mi alarma no se encendió, llegué tarde al trabajo, el café no me despertó, tuve más trabajo del usual, mi jefe nos invitó a comer a todo el personal de la planta... Rechacé todo, evité todo, tomé mi automóvil y partí a la mansión... tráfico, mucho tráfico había en todos lados... era tan tarde... al llegar, nadie me esperaba, abrí la puerta, y todo estaba en tinieblas, por suerte algo de camino podía recordar, subí las escaleras con mucha paciencia, no quería caer. Escalón a escalón mi corazón latía más fuerte, estaba perdida.... pero.... qué era eso? Ese olor latente, ese olor suave, dulce, que me llenaba... Su olor, su fragancia... pude ver como una pequeña luz aparecía de las sombras, un candelabro que se encendía y una puerta que se veía, la de su habitación.
Abrí suavemente, sin miedo, pero esperando no molestarle, sangre, una bolsa de sangre a su lado mientras permanecía sentado, recostado al copete de su cama y me daba una sonrisa triste.
-Bienvenida, lo siento, pero deberías irte... no sé.... - hablaba de forma entrecortada -no sé que pueda sucederte si sigues aquí, realmente no lo sé-
- No me importa-
-Podrías morir...- 
-Has vivido suficientes años como para recompensar mi muerte- sonreí, me senté a su lado en la cama y él aún poco convencido sólo intentó mantener la compostura.
-No es tu propia alma...-
-No me importa, a cambio, podrías contarme...?- no muy decidido me miró, sus ojos, llenos de tristeza contuvieron un par de lágrimas y se dirigieron a mi-
-Hace mucho tiempo, amé, amé realmente con locura a una mujer, ella, definitivamente, fue todo para mi, alguien que pudo comprenderme aún a pesar de sus principales miedos, una buena mujer... no sé como... el resto de la historia, terminó en su muerte... ella yacía muerta, sin sangre a mi lado en nuestra habitación... Yo, no... no recuerdo nada... ¿Fui yo? si no... ¿Quién más?... Si bien es cierto... no sé que sucedió conmigo... el resto... las otras mujeres... fui yo. Pero ella... ella... ¿Fui yo? ¿Fui capaz? De arrebatar una vida que podía realmente estar a mi lado...

Podía ver su desesperación, y le abrace, sin más, algo de calor humano nunca hacía mal... Luego de calmarse, solo me quedé a su lado, cambió su humor por mi, para mantenerme a salvo, para que la locura del despecho, para que el dolor del pasado no matara a alguien más.


-¿Sabes que serías una perfecta víctima? Tan cerca, tan cálida, tan hermosa-
-No lo harías- sonreí, y como cualquier día, hablamos por toda la noche, reíamos con cada palabra, mi corazón latía con mucha eficacia.

Por alguna razón, me quedé dormida, en su cama, a su lado.
Pasado un buen rato... pero... qué era eso? Mis ojos, estaban cerrados, si... sentía... sentía como sus labios se posaban sobre los míos, entreabrí los ojos, era él... pero luego, no soporté... tanto sueño... no pude siquiera corresponder...

Una luz... las cortinas... estaban abiertas. Era algo molesta... pero era una hermosa habitación aún de día... podía ver una peinadora con un gran espejo... una pequeña mesa... una silla, y el resto de la cama, vacía... a excepción de una carta... con un sello al lado de mi... Me incorporé rápidamente, me senté y pude ver en su letra cursiva y elegante "Dearest Lilieth"

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